Es innegable que el entorno familiar de los niños y niñas es el más relevante en sus primeros años vida, en el cual comienzan a adquirir sus primeras destrezas (hablar, caminar, jugar), a desarrollar su autonomía personal (vestirse, lavarse los dientes) y a aprender aquellas conductas que le permitirán ir desenvolviéndose a lo largo de las diferentes etapas de su vida. Los padres y las madres desempeñan un importante papel en todos estos aspectos, no obstante, esa influencia no será determinante, pues también aprenderán de aquellos otros contextos y personas con las que interactúa (colegio, profesores, amigos).

Aun así, dado que el ambiente familiar es el que cuenta con una mayor influencia, será necesario desarrollar un estilo educativo que permita que los hijos se desarrollen de una manera adecuada, tanto en sus diversas facetas personales como en el afrontamiento y la gestión de las circunstancias que se vayan encontrando. Existen cuatro estilos educativos que son:

* El estilo democrático: en el cual los padres son cariñosos, hay control, explican las razones de las normas y éstas son claras y coherentes.

* El estilo permisivo: en el que se evita hacer uso del control, los castigos son escasos, hay aceptación de los impulsos del niño y son padres muy cariñosos.

* El estilo autoritario: caracterizado por un control severo, castigos frecuentes, amenazas verbales y físicas y unas normas que no tienen en cuenta las posibilidades y límites del niño.

* El estilo indiferente: que es aquel en el que se observa una escasa implicación, frialdad y distanciamiento, no se atiende a las necesidades del niño y no hay normas ni exigencias.

Las abundantes evidencias encontradas en numerosos estudios, apuntan a que el estilo democrático es el más adecuado y el que deben perseguir los padres. Esta forma de comportarse de los padres con sus hijos se caracteriza por explicar las razones de que existan determinadas normas, animar a la negociación a través de intercambios verbales y establecer un control-guía, en el cual las normas y límites sean coherentes, adecuados a las necesidades y posibilidades del niño. Es importante hacer hincapié en que todos estos aspectos siempre serán graduados y acordes a las edades y capacidades de los niños. Igualmente, en este estilo parental, se promueven comportamientos positivos que inhiben los negativos y se pide a los hijos que vayan asumiendo nuevas responsabilidades y tareas más complejas, ofreciéndose los padres como guías pero dejando que sean ellos quienes la resuelvan. Además, hay un alto nivel de afecto y comunicación pero también son exigentes y firmes.

Algunas de las consecuencias de este estilo educativo son que los niños exhiban buenas habilidades sociales, una alta autonomía y responsabilidad, una buena planificación y autodirección, trabajen persistentemente por obtener recompensas a largo plazo, posean altos niveles de autoestima, autoconfianza y autocontrol, un desarrollo saludable, un buen rendimiento académico, menos problemas conductuales, destrezas para trabajar en equipo, suelan tener valores morales propios y sean independientes y cariñosos.

Es evidente que aunque este estilo es el que presenta más ventajas, no será fácil mostrarnos en todo momento democráticos, por ello, lo importante será perseverar para adecuar e incorporar estos elementos. Algunas sugerencias para ejercer un estilo educativo democrático son:

* Fomentar el afecto y el apoyo: dedicando tiempo a los hijos y pasando tiempo juntos, confiando en ellos, apoyándolos en sus problemas y dificultades.

* Desarrollar la comunicación: sabiendo escuchar y evitando sermones, críticas y ridiculizaciones.

* Estableciendo un control-guía: poniendo límites claros y justificados, siendo coherentes y consistentes, evitando caer en un círculo vicioso de castigos y broncas.

* Promover la autonomía: dejando que se equivoquen y aprendan de sus errores y evitando la sobreprotección.

Eva Pérez Dotor.