El síndrome de Angleman es un trastorno neurológico cuyo origen es genético, se muestra en todos los grupos raciales y afecta, igualmente, a mujeres y hombres. Las características que se encuentran presentes en las personas afectadas por este síndrome son:

Discapacidad intelectual grave.

Alteraciones en el movimiento o en el equilibrio: Frecuentemente, los primeros signos observables en este síndrome son retrasos en el desarrollo madurativo, como la ausencia o dificultad para gatear y mantenerse sentado entre los 6 y 12 meses.

También, suelen mostrar temblores y una descoordinación en el movimiento que les entorpece actividades básicas como coger objetos con las manos, caminar o comer, lo que lleva a que su desarrollo sea más tardío. Estos movimientos se logran, generalmente, entre los 3 y 4 años, aunque suelen ser inconsistentes.

Alteraciones lingüísticas: de bebes lloran poco y van disminuyendo al balbuceo y los susurros, no realizan juegos vocales ni gestos naturales. Se produce un uso escaso del habla o una ausencia completa de ella, además, no se observa lenguaje expresivo. La comunicación gestual y capacidad comprensiva son superiores al as de tipo expresivo. Pueden entender órdenes simples en el contexto de sus rutinas diarias y mantienen la dificultad para enseñar con el dedo.

Presentan conductas cariñosas y un aspecto feliz: exhiben una sonrisa permanente y carcajadas frecuentes. Asimismo, buscan la interacción social con otros señalando o agarrándolos del brazo para conducirlos hacia sus intereses o actividades favoritas.

Déficit de atención e hiperactividad: muestran periodos de atención cortos pero siendo capaces de atender en circunstancias motivadoras. También presentan inquietud, que se acompaña de movimientos estereotipados como el típico aleteo de manos.

Otros de los signos habituales que se observan en los afectados son la presencia de crisis epilépticas, trastornos del sueño y problemas para succionar y tragar.

No existe una cura ara este síndrome, pero si es posible aplicar tratamientos dirigidos a la sintomatología que permiten atenuarlos hasta cierto punto. Además de ser necesario cubrir aquellas peculiaridades individuales en cada caso.

Respecto a las alternativas terapéuticas, se recomiendan las terapias de modificación de conducta para el control y corrección de los comportamientos desajustados, que utilicen como reforzadores aquellas actividades que resulten atractivas para la persona como, por ejemplo, la interacción social. Del mismo modo, trabajar con técnicas de relajación puede favorecer la atención y controlar la excitabilidad, asimismo, es necesario un entrenamiento en sistemas alternativos de la comunicación.

En relación con otros síntomas, como, la epilepsia, los problemas del sueño y las alteraciones motoras, son tratados farmacológicamente y con fisioterapia.