Hoy en día es más común ver a un niño pegado a una pantalla que jugando en la calle. Y es que, los más pequeños imitan todo lo que hacen los adultos, y al igual que nosotros, también se interesan por descubrir qué es eso tan interesante que hay en nuestros móviles, que hace que nos quedemos pasmados mirándolos.
¿Qué tiene entonces la tecnología que les atrae tanto? Pues, lo principal es, que está ahí. Podemos imaginar cualquier situación en la que una maquinita le sirva de consuelo estas pequeñas personitas. Y es normal. La constante estimulación y las llamativas imágenes, proporcionan al niño un entretenimiento y, sobre todo, una especie de compañía. De esta forma aprenden a recurrir a la tecnología ante un simple indicio de aburrimiento.
Sin embargo esta no es la forma más sana de lidiar con el asunto, los niños deben aprender a regular y manejar sus emociones, incluido el aburrimiento, como parte esencial de su desarrollo. Debemos pues, permitir a los niños que se aburran, y que de forma intuitiva busquen una actividad alternativa, preferiblemente que no tenga que ver con una máquina, como jugar con juguetes, y en general manipular el entorno, lo cual es esencial para el aprendizaje, y para que construyan su resistencia a la frustración.
La mayoría de expertos coincide en que un exceso de exposición a pantallas tiene efectos negativos en los niños, sobre todo en el leguaje y en la atención. Esto principalmente se debe al efecto ‘’coste-oportunidad’’, de manera que, mientras el niño está frente a un dispositivo, pierde la oportunidad de estar haciendo otras actividades mucho más beneficiosas para su desarrollo, como hablar con sus padres o amigos, leer, hacer deporte… el simple hecho de tener la TV puesta de fondo afecta de manera sustancial al desarrollo del lenguaje del niño.
La excesiva exposición a la televisión ha sido asociada a un incremento de la violencia y conductas agresivas, imágenes sexuales distorsionadas, obesidad o problemas nutricionales y problemas de sueño. En concreto esto último se debe a que las pantallas emiten un tipo de luz azul o ‘’blue light’’ que indica a nuestro cerebro que aún
es de día, alterando nuestros ciclos hormonales y retrasando la sensación de sueño, sobre todo si nos exponemos a pantallas dos horas antes de dormir.
Sin embargo, no todos son efectos negativos, por lo menos sabemos que, mientras que respete el tiempo máximo de uso de pantallas, visualizar programas educativos adecuados a la edad del niño/a parece mostrar ciertos beneficios, aunque no superan los de otros materiales educativos que implican una manipulación directa con el entorno.
No podemos negar la evidente utilidad del avance tecnológico en todos los ámbitos de nuestra vida, pero, como ante cualquier gran cambio, debemos estar preparados para acompañar a los niños en este proceso y enseñarles estrategias saludables y beneficiosas, mostrándoles cómo tener una buena relación con los dispositivos electrónicos.
Esto comienza con nuestro propio ejemplo. Es difícil que nuestro hijo/a aprenda a regular su uso de la tablet si nosotros estamos constantemente usando el móvil delante de él/ella, como suele ocurrir, todo empieza en casa. La Asociación Americana de Pediatría (AAP) recomienda no exponer a los niños menores de dos años a ningún tipo de pantalla, incluida la televisión, y a los mayores de dos años, tan sólo dos horas al día regulando el contenido que consumen para que sea lo más adecuado posible.
Para lograr esto, debemos incluir a toda la familia en este proceso. En los cuartos de los niños no debería haber una televisión, esto resta control a los padres sobre el uso que sus hijos hacen, y por ello deben estar en zonas comunes, al igual que los ordenadores y teléfonos móviles y tablets, que deben cargarse siempre en zonas comunes para reservar el dormitorio al descanso y el estudio. También podemos establecer horarios con nuestros hijos, franjas donde pueden usar tecnología y en las que no. Es importante también interactuar con nuestros hijos, por ello, los momentos de reunión como el almuerzo o la cena deberían ser libres de tecnología, incluida la televisión, ya que distrae y reduce la calidad de la comunicación familiar.

psicologa infantil santa cruz

En resumen, la tecnología no es ni mala ni buena en sí misma, todo depende del uso que hagamos de ella, y por ello es importante ser conscientes del uso que hacen también los más pequeños, por el bien de una sociedad que controle la tecnología, y no al revés.

María Cristina Ortiz Ruiz