Es sabido que hoy en día muchas familias no suelen tener más de un hijo, y éste, se convierte en el “rey de la casa”. La educación que damos a nuestros hijos ha cambiado mucho con el paso del tiempo. Por ejemplo, en los años noventa, era impensable observar comportamientos que en nuestros días tienen los padres con sus hijos. Hemos pasado de un estilo educativo autoritario a uno permisivo, olvidándonos del democrático. Es por ello que solemos escuchar con frecuencia la siguiente frase: “los niños de hoy en día no son como los de antes”. Efectivamente, si nuestra forma de educarlos cambia sus conductas también. En épocas anteriores los padres se preocupaban por enseñar a comer correctamente, por el comportamiento de sus hijos dentro y fuera de casa, etc. Hoy en día la preocupación de los padres es que sus hijos hagan cosas, les da igual cómo coman, si con su conducta molesta o no al de al lado, lo importante es convertirlos en “superniños”. Nos olvidamos por completo de que cada niño sigue un ritmo distinto, por tanto una necesidad distinta. Nos preocupamos por apuntarlos a todos los deportes posibles, a clases de inglés (sin tener en cuenta un posible retraso en el lenguaje…), a clases de música, etc. Niños con dificultades de aprendizaje, problemas de conducta, síndrome de asperger es posible que no puedan llevar ese ritmo o simplemente no sea lo que necesiten.

Hoy en día parece que hemos convertido la maternidad en una profesión, dada la autoexigencia en este momento, junto con la formación y conocimientos que hoy existen para ser MEJORES MADRES. Las madres acaban agotadas. Tendríamos que reflexionar sobre si este agotamiento podría estar siendo EXCESIVO, y no DEJAMOS RESPIRAR a los niños.

Cada vez tenemos más instrucción sobre el desarrollo de los niños y estamos más formados y a la vez interesados por su educación. Pero, ¿nos estaremos pasando?, ¿sabemos dónde están los límites?, ¿estaremos formando niños responsables, seguros, con capacidad de decisión, etc.? En mi opinión, creo que no. Creo que se nos está olvidando lo más importante, que es EDUCAR. Nos preocupamos más porque nuestro hijo tenga todo lo que tienen los demás que por sus propias necesidades. Un ejemplo de esto es el cumpleaños, para muchos padres la celebración del cumpleaños de su hijo se convierte en un día estresante en lugar de un día relajante. Ya no nos valen los sándwiches, chuches y la tarta, eso ya no es suficiente.

Este exceso de exigencia de los padres unido con la enorme empresa en la que se ha convertido la infancia, incluyendo también la necesidad que hemos creado de educación tecnológica, nos conduce a situaciones muy difíciles de manejar. Por ello, es el momento de actuar con sensatez antes de que todo esto nos “pongan del revés”.

No se quiero decir con esto que estos nuevos aprendizajes y tecnologías no sean beneficiosos para el desarrollo de los niños que SÍ lo son pero PASO A PASO, valorando las necesidades y el ritmo de cada niño. No todos los niños son iguales y por lo tanto no necesitan lo mismo. Vamos a poner un último ejemplo, a un niño le puede beneficiar salir al parque por las tardes porque trabaja mucho en el cole, bien, pero pensemos en otro que no trabaja en clase y por tanto no cumple con los objetivos fijados por la maestra. En este caso lo adecuado es que por las tardes repase un poquito en casa.

Es muy importante valorar, tener en cuenta las necesidades de cada niño para que tenga un desarrollo adecuado.